Luis García Montero 1
RECUERDO DE UNA TARDE
Aquel temblor del muslo
y el diminuto encaje
rozado por la yema de los dedos,
son el mejor recuerdo de unos días
conocidos sin prisa, sin hacerse notar,
igual que amigos íntimos.
Fue la tarde anterior a la tormenta,
con truenos en el cielo.
Tu apareciste en el jardín, secreta,
vestida de otro tiempo,
con un extravagante manera de quererme,
jugando a ser el viento de un armario,
la luz en seda negra
y media de cristal,
tan abrazadas
a tus muslos con fuerza,
con esa oscura fuerza que tuvieron
sus dueños en la vida.
Bajo el color confuso de las flores salvajes,
inesperadamente me ofrecías
tu memoria de labios entreabiertos,
unas ropas difíciles, y el rayo
apenas vislumbrado de la carne,
como fuego lunático,
como llama de almendro donde puse
la mano sin dudarlo.
Por el jardín, el ruido de los últimos pájaros,
de las primeras gotas en los arboles.
Aquel temblor del muslo
y el diminuto encaje, de vello traspasado,
su resistencia elástica
vencida con el paso de los años,
vuelve a ser verdad, oleaje en el tacto,
arena humedecida entre las manos,
cuando otra vez, aquí, de pensamiento,
me abandono en la dura solución de tus ingles
y dejo de escribir
para llamarte.

, no tengo muy claro si pal continente americano o al asíatico. Segunda, mi espinita clavada es la geografía……Tercero, sino discuto en la vida real con Diego tendré que hacerlo en los sueños porque sino esto es un aburrimiento. Cuarto…..¿para cuando la teletransportación con Google Maps? nos ahorraríamos un montón en aviones y aeropuertos…..Quinto de pequeña (y todavía ahora) me encantaba bañarme los días de mar revuelto, jugar con las olas…alguna vez creía que no salía viva de la playa ….podría estar así hasta mañana….
¡no por favor!……pues ya está.